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"Él siempre estaba feliz de vernos, meneando la cola libremente
contra las paredes de su pequeña jaula de acero. Yo estaba en
mi tercer año de veterinaria y él vino de la perrera local.
Durante el siguiente período, cuatro de nosotros, estudiantes,
practicamos técnicas de cirugía sobre él, el primero
de nuestros pequeños animales de entrenamiento de cirugía.
Desde el punto de vista de Rodney él no había tenido una
vida muy buena, así un cojín en el rincón y una
pequeña caminata alrededor del complejo universitario constituían
su día.
"Él siempre estaba feliz de vernos, meneando la cola libremente
contra las paredes de su pequeña jaula de acero."
La primera cosa que hicimos fue esterilizarlo, un proyecto aparentemente
benigno; excepto que nos llevó una hora completar el procedimiento
que usualmente tomaba 20 minutos, y una sobredosis de anestesia lo mantuvo
noqueado por 36 horas. Después de ésto él recuperó
su fuerza rápidamente y se sintió bien.
Dos semanas después hicimos una exploración abdominal;
abriendo su abdomen, revisando su inventario de órganos y cerrándolo
nuevamente. Ésta fue la primera cirugía mayor para cualquiera
de nosotros, y sin la supervisión adecuada nosotros no lo cerramos
debidamente. A la mañana siguiente, su incisión se había
abierto y él estaba sentado sobre sus pequeños intestinos.
Precipitadamente, lo cosimos de nuevo, y él sobrevivió.
Pero tardaría una semana o más antes de que pudiera reasumir
las caminatas que había llegado a anticipar tan ansiosamente.
Él aún meneaba la cola cuando llegaba y nos encontraba
con tanto entusiasmo como podía reunir.
"Conforme la vida se drenaba de su cuerpo y sus ojos perdían
su brillo, mi actitud hacia la investigación animal empezó
a cambiar".
La semana siguiente, de nuevo mientras él estaba bajo anestesia;
nosotros rompimos su pierna y la reparamos con un perno de acero. Después
de ésto Rodney parecía estar en casi constante dolor,
su temperatura subió y no saltaba como lo había hecho
en el pasado. Su viveza se fue; a pesar del tratamiento de antibióticos,
él nunca se recuperó completamente. Ya no pudo más
con sus caminatas, y nuestras visitas generaban sólo una débil
sacudida de su cola. El resplandor se había ido de sus ojos cafés.
Su pierna operada permanecía quieta e hinchada.
El período estaba terminando, y los días de Rodney estaban
contados. Una tarde lo pusimos a dormir. Conforme la vida se drenaba
de su cuerpo y sus ojos perdían su brillo, mi actitud hacia la
investigación animal empezó a cambiar.
Soy un científico, criado en el método científico,
y debería ser un ferviente creyente del uso de animales para
la investigación
Después de 15 años en la
profesión veterinaria, ahora creo que hay consideraciones morales
y éticas que sobrepasan los beneficios. Porque sucede que nosotros
somos la especie más poderosa sobre la Tierra, nosotros los humanos
tenemos la capacidad - pero no el derecho - de abusar de los así
llamados animales inferiores. "Los fines no justifican los medios."
La experiencia de Rodney, desafortunadamente, ha sido compartida por
millones de animales, usados en la educación y en la investigación,
quienes son incapaces de hablar por ellos mismos.
Más información:
http://www.pcrm.org/
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